La reciente victoria de Rosa Rodríguez en «Pasapalabra» ha encendido un debate que muestra cómo los momentos más destacados de la televisión pueden ser también un campo de controversias en el mundo digital. Este jueves, 5 de febrero, la concursante hizo historia al llevarse el mayor bote que ha visto el programa, superando la suma de 2.716.000 euros. Sin embargo, la celebración se enturbió rápidamente por una sencilla cuestión de pronunciación.
Rosa deslumbró a la audiencia completando su rosco con la definición que parecía haber sido diseñada para desafiar a cualquier conocedor del idioma: “Con la M: apellido del jugador de fútbol americano que, en 1968, fue elegido jugador más valioso de la NFL”. Tras unos segundos de duda, la concursante dijo “Morell”. La validación inmediata por parte del presentador, Roberto Leal, desató una ovación, no solo dentro del plató, sino también en las redes sociales, donde pronto empezaron a cuestionar si la respuesta correcta era realmente “Morell” o “Morrall”. Este desacuerdo dejó entrever la complejidad de las reglas del juego, y se transformó en un debate sobre la precisión absurda que caracteriza a “Pasapalabra”.
Este no es un tema nuevo para el programa; en el pasado, otras respuestas han generado controversia por detalles mínimos como grafías de nombres extranjeros. Pero lo que lo hace especialmente relevante en esta ocasión es el trasfondo de la pronunciación de un apellido anglosajón y cómo el criterio lingüístico del programa se aplica a ciertas nomenclaturas. Roberto Leal, en un intento por calmar las aguas turbulentas, salió al paso de las dudas pocas horas después, defendiendo la respuesta de Rosa al afirmar que “La pronunciación es perfecta. Es un apellido y se pronuncia así. Además, ella es filóloga inglesa; mejor que ella no lo sabe nadie”. Estas palabras, no solo sirvieron como respaldo a la concursante, sino también como un recordatorio de que el concurso no se basa únicamente en ortografía, sino que también integra la experticia lingüística.
El impacto de la victoria trasciende el mero hecho de ganarse un premio considerable. Rosa había estado en el programa durante más de un año, y su despedida resonó con un sentido de pérdida y nostalgia. “La sensación de vacío es enorme”, compartió Leal, refiriéndose a la emocionalidad del momento y la conexión sincera que los concursantes forjan con el público. Este tipo de vínculo humano explica por qué la controversia captó tanta atención: el bote millonario era solo la culminación de una historia aplaudida que había mantenido cautivados a millones de espectadores.
El apellido en cuestión pertenece a Earl Morrall, un quarterback histórico cuya relevancia en la NFL se extiende más allá de las fronteras de Estados Unidos. Elegido jugador más valioso en 1968, su legado está marcado por momentos decisivos, particularmente con los Miami Dolphins. Su conexión con la televisión española, aunque inesperada, se ha consolidado a través de un concurso que ahora lo recordará por siempre.
En su intervención, Leal dejó claro que la victoria de Rosa era indiscutible y estaba libre de cualquier asterisco que pudiera arrojar dudas. “Pasapalabra” ha hecho de la precisión y el rigor su emblema, y con ello busca no solo proteger a los ganadores, sino también mantener intacta la credibilidad que ha sustentado su éxito a lo largo de los años. Así, Rosa Rodríguez ya ocupa un lugar en la historia del programa, y aunque las redes sociales sigan debatiendo, todo indica que habrá un consenso en que su triunfo es completamente legítimo, marcando el fin de una era que la audiencia no olvidará fácilmente.

















