Divertirse sin política: Mi búsqueda de diversión más allá de Sánchez y Ayuso

Víctor Sandoval, un conocido rostro de la televisión española, ha expresado su desencanto con la actual programación televisiva. En una reciente conversación en el pódcast de Sergi Ferré, el exreportero de «Sálvame» reflexionó sobre la transformación de la televisión en un espacio dominado por la política y el debate constante, donde el entretenimiento parece haber quedado relegado a un segundo plano.

«Hoy en día todo es política, desde por la mañana hasta por la noche», señala Sandoval, quien se siente fuera de lugar en un medio que antaño entendía como un refugio de compasión y diversión compartida. Para él, la televisión ha pasado de ser un espacio de complicidad con el espectador a convertirse en un foro interminable de opiniones sobre temas políticos, saturado de ruidos y debates que parecen hacerle poco caso al verdadero propósito del entretenimiento. «¿A mí qué me importa la opinión de setecientas personas en setecientas cadenas sobre lo mismo?», se pregunta con ironía, lamentando la pérdida de la simple diversión que él anhela.

Su elección de programación es clara: se aferra a formatos como «Lo sabe, no lo sabe», «Gran Hermano Dúo 4» o «Casados a primera vista», todos de Mediaset, mientras que evita en su mayoría los canales que lo sumergen en análogos políticos interminables. La alternativa que encuentra en Televisión Española, como «Malas lenguas» o el programa de Silvia Intxaurrondo, también le parece limitada en comparación con lo que alguna vez fue la televisión.

Desde la cancelación de su programa «La familia de la tele», Sandoval ha estado en un limbo profesional que atribuye a la falta de formatos que conecten con el público, una situación que describe como “una sequía”. Con resignación, admite que su refugio se halla en el entorno digital, plataformas donde siente que aún hay espacio para el entretenimiento sin los filtros de la política agobiante. «La tele es un coñazo ahora, es el Canal 24 Horas en todas las cadenas», insiste, dejando claro que la saturación informativa ha dejado un vacío que él como creador no puede llenar.

La crítica de Sandoval no se limita a la programación actual, sino que también lanza sus dardos hacia su ex-casa, Telecinco. Confiesa que no entiende del todo las malas audiencias de la cadena, a la que dedicó tantos años de su carrera. «Quizá es la imagen de marca con la gente que hay dentro», sugiere, dejando entrever que, a veces, los rostros que permanecen en pantalla pueden ser los responsables de que ciertos programas no resuenen con el público como antes.

En una industria en constante cambio, donde las dinámicas de audiencia y el consumo de contenido están evolucionando, Sandoval observa con una mezcla de nostalgia y resignación el camino que ha tomado la televisión. Aunque anhela tiempos en que el entretenimiento era el rey, sigue buscando la manera de conectar con una audiencia que, creo, merece más que el ruido político que los rodea. Mientras tanto, confiesa que la incesante lucha por espacios de diversión y conexión sigue siendo su motivación, una búsqueda que resuena en muchos que, como él, extrañan la magia de la televisión de otros tiempos.

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