La primera ministra danesa, Mette Frederiksen, ha tomado la decisión de convocar elecciones generales anticipadas que se llevarán a cabo el próximo 24 de marzo. Esta estrategia política surge tras un creciente consenso sobre la necesidad de cambios en un Ejecutivo que ha funcionado en coalición con el Partido Liberal y el centrista Partido Moderado desde hace cuatro años. Aunque los comicios parlamentarios estaban programados para celebrarse antes de finales de octubre, el clima político en Dinamarca ha llevado a esta pronta iniciativa.
Durante su anuncio en el Parlamento, Frederiksen se mostró abierta a explorar diversas opciones de gobierno si su partido logra mantener su estatus como el más votado. «No excluyo nada de antemano», afirmó la líder socialdemócrata, quien también enfatizó su compromiso con la actual política de seguridad danesa, especialmente en el contexto de la guerra en Ucrania, y la necesidad de una firme postura en inmigración. Además, hizo eco de la reciente crisis con Estados Unidos respecto a Groenlandia, sugiriendo que la seguridad en el Ártico será un punto central en la agenda política.
En otro aspecto de su propuesta, Frederiksen anunció la intención de introducir un impuesto al patrimonio si su partido logra gobernar nuevamente, con el objetivo de reducir la desigualdad. Este impuesto, que podría recaudar cerca de 800 millones de euros, se destinaría a fortalecer la educación pública en Dinamarca, un tema que ha generado un debate significativo en el país donde la concentración de riqueza es un problema cada vez más evidente.
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