La noche del miércoles, un hombre fue arrestado en Brooklyn tras intentar hacerse pasar por un agente del FBI en una prisión federal. Mark Anderson, originario de Mankato, Minnesota, fue acusado de presentar documentos falsos y llevar un objeto que simulaba ser el acero de un cortador de pizza, asegurando a los guardias que tenía una orden judicial para liberar a Luigi Mangione. Este último se encuentra detenido bajo la acusación de haber asesinado a Brian Thompson, CEO de UnitedHealthcare, y está programado para comparecer ante un juez.
Mangione ha sido objeto de atención mediática y apoyo popular desde su arresto, con numerosos individuos contribuyendo a su fondo de defensa y enviándole cartas, incluidos mensajes románticos. Su caso ha despertado una ola de simpatía que no es extraña en ciertos contextos, especialmente por su imagen de joven prometedor de una familia acomodada, lo que ha llevado a la creación de grupos en redes sociales que abogan por su liberación.
A pesar de las pruebas en su contra y de la reciente solicitud del fiscal para imponer la pena de muerte, Mangione se ha declarado no culpable. Las circunstancias que rodean su arresto y los alegatos de motivaciones ideológicas en relación con su crimen contrastan con la imagen de joven carismático que ha cultivado, lo que añade complejidad a un caso que mantiene en vilo tanto al sistema judicial como a la opinión pública.
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