Tres años después del trágico accidente ferroviario en Grecia, donde 57 personas perdieron la vida en una colisión entre un tren de pasajeros InterCity y uno de mercancías, el país todavía siente el peso de la pérdida. La tragedia, considerada la más mortífera en la historia ferroviaria griega, expone las vulnerabilidades de un sistema deteriorado, marcado por factores como la falta de personal capacitado y un sistema de señalización obsoleto. La investigación reveló que un error humano en la gestión de la estación desencadenó el desastre, y puso de manifiesto las deficiencias en la infraestructura ferroviaria no solo en Grecia, sino en muchos países europeos.
El accidente resalta un problema más amplio en Europa, donde la seguridad ferroviaria se ve afectada por la fragmentación en la gestión de infraestructuras. Durante años, se ha priorizado la inversión en carreteras frente a los trenes, resultando en una falta de coordinación que complica las mejoras en la seguridad. El caso griego se convierte en un símbolo del fracaso de un sistema que permite que empresas privadas, como las italianas y francesas, gestionen la infraestructura segura, mientras que la inversión pública se dispersa en proyectos que a menudo no abordan las verdaderas necesidades.
A pesar de que los accidentes en trenes han disminuido en Europa, el costo humano sigue siendo elevado, con miles de muertes y heridos cada año debido a incidentes. La desventaja en la seguridad se está convirtiendo en un tema de creciente preocupación, evidenciando la necesidad urgente de reformar un sistema ferroviario fragmentado y de mejorar la supervisión y la formación del personal para prevenir futuras tragedias. La lección de Grecia es clara: la investigación y la responsabilización son esenciales para evitar que historias como esta se repitan en el futuro.
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