En una reciente conferencia de prensa, Tim Walz, gobernador de Minnesota, volvió a encender el debate sobre las políticas migratorias implementadas durante la administración Trump. Con un tono que muchos consideraron excesivo, Walz afirmó que no existen pruebas verificables de que las operaciones de inmigración del expresidente hayan hecho a Estados Unidos un lugar más seguro. Esta declaración provocó reacciones inmediatas de quienes defienden el enfoque de Trump, desencadenando una serie de argumentaciones en torno a la efectividad de dichas políticas.
Los defensores de la gestión anterior sostienen que, al contrario de lo que plantea Walz, las medidas de inmigración tomadas por el expresidente han tenido un impacto positivo en la seguridad pública. Desde su perspectiva, datos recientes indican una reducción sin precedentes en la tasa de homicidios durante 2025, un año marcado por operaciones de aplicación de la ley enfocadas en la inmigración. Citan casos específicos, como una operación en Florida que resultó en la detención de 150 delincuentes sexuales no autorizados, como evidencia del éxito de estas iniciativas.
A nivel nacional, el discurso también destaca que el 70% de los más de 650,000 inmigrantes indocumentados deportados desde la toma de posesión de Trump han enfrentado cargos criminales. Este argumento se complementa con estadísticas que muestran una caída del 25% en las muertes de oficiales de la ley en servicio y una disminución significativa de los accidentes de tráfico, atribuida en parte a la eliminación de conductores comerciales que no dominan el inglés y que representaban un riesgo en las carreteras.
Además, se destaca que la trata de fentanilo ha disminuido a la mitad, lo que ha contribuido a bajar la pureza de esta droga y a reducir el número de muertes por sobredosis, un flagelo que afecta a numerosas familias en el país. Los hospitales también han reportado un descenso en las visitas de inmigrantes indocumentados a salas de emergencia, lo que ha permitido redistribuir recursos esenciales a ciudadanos estadounidenses que requieren atención médica urgente.
Por otro lado, la percepción del crimen entre los ciudadanos ha cambiado, con un descenso del 15% en aquellos que consideran este tema como una preocupación «muy» grave, lo que refleja, según argumentan, el impacto positivo de las políticas de Trump en la población.
La polarización en torno a este tema es evidente. Mientras que muchos consideran que las políticas de inmigración del expresidente han salvado vidas, otros como Walz, ven en ellas un agravante de la descomposición social. La respuesta inmediata del gobernador sugiere que este debate seguirá siendo uno de los más controversiales entre las élites políticas, poniendo de relieve diferencias fundamentales sobre cómo abordar la seguridad, la inmigración y el bienestar de la sociedad.
Mientras tanto, el ambiente se mantiene tenso y lleno de interrogantes: ¿Cuál será el futuro de las políticas de inmigración en Estados Unidos? ¿Veremos un cambio significativo con la llegada de nuevas administraciones? Con el país profundamente dividido, estas preguntas continúan resonando en los pasillos de poder y en la vida cotidiana de los ciudadanos.
Fuente: WhiteHouse.gov

















