Este jueves, los líderes de la Unión Europea se darán cita en el histórico castillo de Alden Biesen para abordar la competitividad de la economía europea. Entre los temas candentes, las tensiones geoeconómicas y la llamada agenda de simplificación regulatoria, destaca la propuesta de «Buy European», impulsada principalmente por Francia. Esta iniciativa buscaría que las inversiones, tanto públicas como privadas, prioricen los productos europeos en sectores clave como defensa o licitaciones públicas, reflejando un deseo de mayor protección industrial en un contexto global desafiante.
Sin embargo, la propuesta no ha conseguido un apoyo unánime, tanto en los Estados miembros como dentro de la Comisión Europea. El vicepresidente ejecutivo Stéphane Séjourné ha defendido su inclusión en la Ley de Aceleración Industrial, pero esta norma se ha retrasado y aún no se define su futuro. A pesar de los esfuerzos de Francia, otros países, especialmente del norte de Europa, ven la cláusula como una complicación regulatoria que podría obstaculizar el acceso a tecnologías cruciales y perjudicar la competitividad de la industria europea en mercados globales.
Mientras se acerca la reunión de líderes, existe una creciente concesión sobre la necesidad de debatir la idea de «preferencia europea». Muchos reconocen que es vital discutir cómo se podría implementar esta protección sin caer en medidas que drenen la capacidad competitiva de las empresas europeas. La gestión de este delicado equilibrio será crucial para determinar el rumbo que tomará la economía europea en este entorno de creciente competencia y cambio.
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