La desesperación de quienes enfrentan el cáncer es un terreno fértil para aquellos que buscan lucrar con las ilusiones de curación. El programa de investigación “Equipo de investigación” revela, en su reciente reportaje titulado «Cáncer S.L.», cómo una serie de empresarios sin ética se hacen pasar por terapeutas que ofrecen tratamientos sin fundamento científico, llevando a muchos pacientes a finales trágicos.
El fenómeno no es aislado; más del 60% de los pacientes oncológicos recurren, en algún momento, a pseudoterapias. Gloria Serra, presentadora del programa, destaca esta alarmante cifra antes de adentrarse en un contexto en el que la vulnerabilidad humana se convierte en un negocio. Las historias que relata el reportaje son desgarradoras y ejemplifican la cruel dinámica de estos fraudes. Desde un joven de 28 años, quien a pesar de su diagnóstico de cáncer organizó una campaña de recaudación basada en métodos de curación alternativos, hasta una madre que fue convencida de no someter a su bebé a tratamientos adecuados, todos comparten un destino fatal tras ceder a la desesperanza.
La investigación también pone al descubierto la dimensión económica de esta problemática. Una de estas empresas, radicada en Mijas, Málaga, llegó a facturar más de 4 millones de euros en solo dos años. Según una extrabajadora, la compañía operaba como una máquina de hacer dinero, despojando a los pacientes de su dignidad y tratándolos como meras cifras. La Junta de Andalucía, tras iniciar diligencias por delitos de estafa y contra la sanidad pública, decidió cerrar la empresa. Sin embargo, las denuncias continúan surgiendo con el tiempo, revelando un patrón de engaño que es difícil de erradicar.
La negación a responder preguntas por parte de los responsables de estas prácticas es elocuente. Mientras tanto, los testimonios de las familias de las víctimas son escalofriantes. La hermana de una mujer que siguió estos consejos se vio obligada a gastar más de 6.500 euros en productos inútiles, impulsados por promesas de curación que jamás se materializaron. Un investigador, tras examinar uno de los dispositivos vendidos por estas empresas, lo descalifica como un simple «altavoz» cuyo único efecto es el impacto en el bolsillo del paciente.
Expertos en oncología han sido claros en sus pronunciamientos: hay que detener la proliferación de estas prácticas. La manipulación de la fragilidad humana en nombre de la curación es un acto que cruza la línea de la maldad. Las organizaciones sanitarias están implorando que estas pseudoterapias sean denunciadas y eliminadas de nuestra sociedad.
El panorama es desolador, pero la voz de quienes han sobrevivido a ataques de desesperación comienza a alzarse. La lucha por la verdad y la protección de los más vulnerables nunca ha sido tan urgente. Desenmascarar a quienes se benefician de la angustia ajena es un deber que todos compartimos. En esta búsqueda de justicia, cada relato cuenta, cada vida afectada es un recordatorio del impacto devastador que el engaño puede tener en la salud y el bienestar humano.

















