La reciente inauguración de la «Junta de Paz» (BoP) en Washington, impulsada por el presidente Donald Trump, ha suscitado opiniones encontradas entre los diplomáticos europeos. Aunque muchos reconocen que el evento podría ser más perjudicial que beneficioso en el conflicto de Oriente Medio, la presencia de varios Estados miembros de la Unión Europea como observadores es significativa. La comisaria Dubravka Suica, encargada del Mediterráneo, ha enfrentado críticas por participar en una iniciativa que algunos catalogan como un «chiringuito privado» que pone en entredicho la credibilidad de las soluciones diplomáticas.
A medida que la Junta de Paz toma forma, los ministros de Asuntos Exteriores de la UE se preparan para discutir la situación en Gaza y el conflicto israelo-palestino, con la participación del alto representante Nickolay Mladenov. A pesar de las preocupaciones sobre la legitimidad de la BoP, la realidad de su influencia en la reconstrucción de Gaza y la dinámica política de la región obliga a Europa a reflexionar sobre su papel. Sin embargo, la falta de unidad entre los Estados miembros complica la posibilidad de una respuesta coherente y efectiva.
La participación de la Comisión Europea, representada por Suica, ha generado controversia, con críticas sobre la falta de mandato del Consejo para su presencia en la Junta. Mientras algunos argumentan que es crucial que la UE esté «en la mesa», otros advierten del riesgo de legitimación que conlleva su implicación en un evento que no cuenta con el respaldo unánime de las naciones europeas. La tensión interna en la UE es palpable, poniendo de relieve la dificultad de actuar de manera unificada frente a una situación tan compleja y polémica como la de Oriente Medio.
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