El Hospital Universitario de Toledo, dependiente del Servicio de Salud de Castilla-La Mancha, ha comenzado a acoger desde esta semana los cursos de reanimación cardiopulmonar avanzados para profesionales sanitarios, que se llevan a cabo en el área de Docencia ubicada en el Edificio B del nuevo centro sanitario.

Los cursos contemplan talleres formativos tanto teóricos, impartidos de manera telemática, como prácticos de esta técnica con el fin de poder manejar a los pacientes cuando sufren una parada cardiorespiratoria.

El curso práctico se lleva a cabo con todas las garantías de seguridad en las aulas de Docencia. De esta manera, se ha distribuido a los alumnos en cuatro aulas en las que las doctoras del servicio de Medicina Intensiva, Ana Pedrosa y Pilar Sánchez, la médico residente de 4º curso, Margarita Márquez, y la enfermera, Verónica Díaz Ruiperez, han explicado las distintas maniobras de reanimación y el material a usar en estas ocasiones.

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La responsable de RCP en el Hospital de Toledo, la intensivista Ana Pedrosa, es la encargada de organizar estos cursos entre el personal sanitario del Área Sanitaria de Toledo. Así, al año se realizan en torno a 20 cursos tanto de RCP básica como de soporte vital avanzado, a los que asisten más de 500 personas.

La reanimación cardiopulmonar (RCP) es una maniobra para salvar vidas en muchas emergencias que se utiliza cuando la persona ha dejado de respirar o el corazón ha cesado de palpitar. Consiste en la aplicación de compresiones torácicas que proporcionan un flujo sanguíneo pequeño pero suficiente para el corazón y el cerebro.

Los facultativos del servicio de Medicina Intensiva son los responsables de la atención a las paradas cardiacas que se producen en el centro hospitalario, así como de la formación en estas maniobras de resucitación cardiopulmonar tanto del hospital como de Atención Primaria.

La doctora Pedrosa ha señalado que, según la estadística, cada año se producen en España más de 24.500 paradas cardiacas, lo que equivale a una parada cada 20 minutos, ocasionando cuatro veces más fallecimientos que los accidentes de tráfico.