Cambiar de coche casi nunca es una decisión “barata”, pero mantenerlo puede convertirse —sin que se note al principio— en una factura recurrente de talleres, consumo y estrés. En España, el debate se ha vuelto especialmente pertinente por una combinación de factores: un parque automovilístico que crece, una edad media elevada y un mercado de ocasión que, paradójicamente, se alimenta de vehículos cada vez más veteranos.
Los datos ayudan a poner el contexto. El parque de vehículos asegurados en España alcanzó una media de 34.723.151 unidades en el cuarto trimestre de 2025, un 2,2 % más interanual, según el Fichero Informativo de Vehículos Asegurados (FIVA). Y, al mismo tiempo, la antigüedad media de los turismos se sitúa en 14,5 años, de acuerdo con cifras difundidas por ANFAC con datos de parque.
Ese envejecimiento no es solo una cuestión estética. Se traduce en más averías potenciales, más consumo en muchos casos y una brecha creciente frente a los estándares actuales de seguridad y eficiencia. Con ese telón de fondo, estas son las señales más fiables para detectar cuándo el coche está empezando a salir caro.
1) Cuando el “coste total anual” deja de tener sentido
El error habitual es mirar solo la avería grande. La señal real suele ser la suma de pequeñas reparaciones y gastos recurrentes.
Para objetivar la decisión, conviene estimar el coste total del último año, sumando:
- mantenimiento (revisiones, neumáticos, frenos),
- averías y diagnósticos,
- consumo real de combustible,
- impuestos y tasas,
- seguro,
- y, si se quiere afinar, la pérdida de valor (depreciación).
Si el gasto anual empieza a acercarse al coste de “sostener” un vehículo más moderno (ya sea por compra, financiación o renting), el coche deja de ser un activo funcional y pasa a ser un centro de costes.
2) Averías repetidas o “problemas estructurales”
Una cosa es cambiar consumibles; otra, vivir en el taller. La línea suele cruzarse cuando aparecen patrones:
- fallos eléctricos intermitentes difíciles de reproducir,
- averías que se repiten tras repararse,
- problemas de transmisión, embrague o refrigeración que encadenan intervenciones,
- o ruidos y vibraciones crónicos que obligan a “probar” piezas.
En estos casos, el gasto no solo es económico: también aparece el coste de oportunidad (tiempo perdido, vehículo de sustitución, imprevistos laborales o familiares).
3) Antigüedad y kilometraje como aceleradores del gasto
No existe un número mágico, pero sí un principio: a partir de ciertos umbrales, la probabilidad de gasto crece y el valor de reventa cae más rápido.
En España, la edad media de 14,5 años sugiere que muchos turismos circulan ya fuera del “tramo cómodo” en el que la mayoría de costes son previsibles. A eso se suma un mercado de segunda mano muy orientado a coches antiguos: en 2025 se registraron casi 2,22 millones de transacciones de ocasión y una parte muy relevante correspondió a unidades de más de 10 y más de 15 años, según información económica publicada en enero de 2026.
Esa demanda de vehículos veteranos no significa que mantenerlos sea eficiente: muchas compras se hacen por precio de entrada, no por coste de uso.
4) Cuando la seguridad y la eficiencia se quedan atrás
A igualdad de cuidados, un coche de hace 12–15 años suele quedar por detrás en:
- ayudas a la conducción (frenada automática, alertas, asistentes),
- eficiencia (motores, gestión térmica, aerodinámica),
- y confort/ergonomía que reduce fatiga en viajes.
Esto no obliga a cambiar, pero sí altera el cálculo: el dinero “extra” de un coche más nuevo puede comprarse como tranquilidad, no solo como capricho.
5) Restricciones ambientales y ciudades: la etiqueta como factor económico
La decisión ya no depende solo del coche, sino también del entorno. España impulsa Zonas de Bajas Emisiones (ZBE) con un marco regulatorio definido, lo que en la práctica puede afectar al acceso y al uso cotidiano de determinados vehículos según municipio y etiqueta ambiental.
Además, ANFAC ha advertido en sus informes de parque que una parte relevante de los turismos no dispone de distintivo ambiental, lo que introduce incertidumbre para quienes dependen del coche en ciudad.
En términos simples: si el vehículo empieza a limitar movilidad (o a encarecerla por alternativas), su coste real aumenta aunque no se rompa.
6) El momento de reventa: vender antes de la gran factura
Esperar “hasta que reviente” suele ser la opción más cara. La razón es doble:
- la depreciación se acelera con edad y kilómetros, y
- una avería seria puede convertir el coche en difícil de vender o mal pagado.
Quien venda antes de la reparación grande suele conservar margen para negociar un cambio más racional (nuevo, seminuevo o de ocasión), en lugar de cambiar “a la fuerza” por urgencia.
7) Qué hacer para decidir sin precipitación
Un enfoque práctico es comparar dos escenarios durante 24–36 meses:
- Escenario A (mantener): coste anual medio real + provisión para averías probables.
- Escenario B (cambiar): coste anual del vehículo alternativo (cuota o amortización) + consumo + mantenimiento + seguro.
Si el diferencial es pequeño, el cambio empieza a tener sentido porque reduce riesgo e incertidumbre. Si el diferencial es grande, quizá convenga aguantar… pero solo si el coche está estable y el uso no se verá penalizado por restricciones o fiabilidad.
Preguntas frecuentes
¿Cuántos kilómetros son “demasiados” para mantener un coche sin que salga caro?
Depende del modelo y del mantenimiento, pero el punto crítico suele llegar cuando el kilometraje empieza a venir acompañado de averías repetidas y reparaciones que ya no son puntuales, sino estructurales (transmisión, refrigeración, electrónica).
¿Qué cálculos conviene hacer antes de cambiar un coche por uno seminuevo?
Conviene comparar el coste total del último año (averías, consumo, impuestos y seguro) frente al coste anual estimado del seminuevo, incluyendo mantenimiento y previsión de depreciación. La clave es comparar costes anuales, no solo precios de compra.
¿Cómo influyen las Zonas de Bajas Emisiones en la decisión de cambiar de coche?
Pueden condicionar el acceso y la operativa diaria en determinadas ciudades, según etiqueta ambiental y normativa local. Si el coche limita movilidad, el coste real sube aunque el vehículo funcione bien.
¿Qué documentación ayuda a vender mejor un coche usado?
Un historial ordenado de mantenimiento (facturas, revisiones, neumáticos, distribución si aplica), informe de kilometraje coherente y constancia de reparaciones importantes. En un mercado donde abundan coches veteranos, la trazabilidad marca diferencia.

















