Este miércoles, la Guardia Fronteriza de Cuba protagonizó un violento enfrentamiento con una lancha rápida que había salido de Estados Unidos, resultando en la muerte de cuatro personas y lesiones a otras seis. Según el Ministerio del Interior de Cuba (Minint), la embarcación, registrada en Florida, ignoró una orden de alto y abrió fuego contra las patrulleras cubanas. El incidente ocurrió en aguas territoriales cerca de Cayo Falcones, en el municipio Corralillo, donde las autoridades cubanas intentaron identificar a los ocupantes de la lancha.
El comunicado oficial subraya la determinación de Cuba de proteger su soberanía, destacando que la defensa nacional es clave para la estabilidad del país. Sin embargo, este choque se inscribe en un contexto de creciente tensión entre Estados Unidos y Cuba, marcado por el asedio petrolero que Washington ha impuesto recientemente sobre la isla. A pesar de la agresividad de este tipo de incidentes, parece que la administración estadounidense está cambiando su enfoque, dirigiendo sus esfuerzos hacia Irán.
En los últimos años, han sido frecuentes las confrontaciones entre las fuerzas cubanas y lanchas procedentes de Estados Unidos, lo que el gobierno de La Habana califica como violaciones de su soberanía y tráfico humano. A menudo se encuentran lanchas abandonadas en sus costas, utilizadas para facilitar la migración hacia el norte. Este último episodio no solo pone de relieve las tensiones geopolíticas, sino también la lucha constante de Cuba por mantener el control sobre sus aguas territoriales y su población.
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