La Fundación Ecolec, entidad sin ánimo de lucro especializada en la gestión y reciclaje de residuos de aparatos eléctricos y electrónicos (RAEE), gestionó durante 2025 un total de 4.869 toneladas de estos residuos en Castilla-La Mancha.
Los datos registrados durante el último año también ponen de manifiesto el creciente compromiso de los ciudadanos de la región con el reciclaje de este tipo de dispositivos. En concreto, la recogida alcanzó los 11,54 kilos de residuos electrónicos por habitante, una cifra que se encuentra por encima de la media nacional, situada en 9,11 kilos por persona.
Para Luis Moreno, director general de Fundación Ecolec, estos resultados reflejan el compromiso de la población castellanomanchega con la gestión responsable de los residuos. A su juicio, las cifras demuestran que el reciclaje de aparatos electrónicos se está consolidando como una práctica habitual entre los ciudadanos y como una herramienta fundamental para contribuir a la protección del medio ambiente.
Importancia de reciclar la basura electrónica
Según Naciones Unidas, la generación de desechos electrónicos en el mundo aumenta cinco veces más rápido que su reciclaje. En 2022 se batió un récord de 62 millones de toneladas de RAEE, cifra que llenarían 1,55 millones de camiones de 40 toneladas, según el informe The Global E-Waste Monitor 2024. La generación de estos residuos crece cada año 2,6 millones de toneladas, por lo que en 2030 la generación total será de hasta 82 millones de toneladas.
“Sobran los motivos que demuestran por qué la correcta gestión de los RAEE es crucial. Un claro ejemplo es que un solo frigorífico mal procesado libera a la atmósfera emisiones contaminantes comparables a las de un vehículo tras recorrer 15.000 kilómetros”, ha advertido Luis Moreno. Asimismo, ha subrayado que “las repercusiones de desechar de forma inadecuada nuestros dispositivos electrónicos golpean con especial dureza a aquellas regiones donde la extracción de recursos para su fabricación genera graves conflictos sociales”.
Todos los equipos tecnológicos de nuestro uso cotidiano están capacitados para reincorporarse al ciclo productivo. En este sentido, la ciudadanía desempeña un rol determinante para asegurar una recogida adecuada que facilite la reutilización de los componentes o, en su defecto, un tratamiento de descontaminación limpio y comprometido con la preservación del entorno.













