El reencuentro televisivo entre Sonsoles Ónega y Carlota Corredera ha dejado una marca indeleble en la memoria de sus seguidores y ha abierto un nuevo capítulo en la narrativa sobre su tiempo en Mediaset. En un ambiente distendido en el programa “Menudo cuadro”, de RTVE Play, ambas periodistas se sentaron a recordar sus experiencias compartidas, pero lo que resultó fue mucho más que una charla nostálgica.
Por primera vez, Ónega compartió con franqueza detalles de su salida de Mediaset, revelando una realidad que hasta ahora había estado velada por comentarios en off the record. La presentadora de “Y ahora Sonsoles” hizo eco de una inquietud que resonaba en su interior desde hacía tiempo: su deseo de seguridad y reconocimiento profesional. “Mis nuevos jefes me pusieron en valor. Yo quería seguridad. Solo quería seguridad”, confesó, una frase que retumbó en el set y que arrojó luz sobre su decisión de dar el salto a Atresmedia.
El relato comenzó a tomar forma cuando Corredera recordó una anécdota que había permanecido oculta. Tras el fichaje de Ónega como presentadora de “Ya es mediodía” y “Ya son las ocho”, se encontró con su antigua compañera en los pasillos. “Me da mucha vergüenza. Pero es que todavía no me han pagado nada como presentadora”, le confesó Ónega, revelando que su situación contractual no se había actualizado adecuadamente a su nuevo rol. A pesar de ser una estrella en ascenso, su contrato seguía siendo el de redactora, un hecho que, aunque conocido en la industria, es la primera vez que se verbaliza en público.
El eco de este episodio no se detuvo en lo anecdótico. La revelación de que su pago como presentadora no había sido rectificado refuerza una narrativa sobre la disonancia entre funciones y condiciones laborales que ha atormentado a muchos profesionales de la tele durante años. La declaración de “solo quería seguridad” ahora tiene un nuevo significado y se convierte en un grito de realidad en un sector donde las decisiones suelen disfrazarse de estrategia.
A medida que la conversación avanzaba, también surgieron matices sobre su relación con Ana Rosa Quintana. A pesar de las tensiones anteriores, Ónega subrayó el apoyo recibido por parte de su colega durante un momento difícil en su vida personal, agradeciendo el gesto de condolencias que recibió tras el fallecimiento de su padre. Sin embargo, dejó claro que la charla que ambas deben tener sigue pospuesta.
El diálogo entre Ónega y Corredera sirve no solo para reflexionar sobre sus trayectorias individuales, sino también para reescribir parte de la historia reciente de la televisión española. Lo que se reveló es un testimonio que pone de manifiesto que, detrás del glamour y la espectacularidad de la pantalla, hay historias más complejas que involucran búsqueda de estabilidad, afán de reconocimiento y, a veces, cuentas pendientes que tardan años en resolverse.
Como cierre de este capítulo, Ónega dejó en claro que no estaba del todo cómoda con que su programa en Antena 3 llevara su nombre. “No es algo que yo pudiera decidir”, confesó. Este pequeño detalle se suma a un mosaico que retrata la realidad de un mundo donde, a menudo, las decisiones tienen más que ver con las dinámicas internas que con el brillo que se muestra al público.















