Un Descubrimiento Inesperado: Antoñito, el hijo perdido, hallado en un refugio

Candela ha encontrado lo que nadie esperaba encontrar: a Antoñito, el hijo perdido de Simona, en una de las necesidades de un refugio para los menesterosos. Este hallazgo, que confiesa a Lope cuando están a solas, podría ser un revulsivo para devolver la paz a su compañera. No obstante, la felicidad que produce tal hallazgo va acompañada de las dudas e interrogaciones siguientes: ¿estará realmente Antoñito? ¿Y qué pasará cuando Simona se entere de que su hijo ha estado tan cerca, tan cerca durante tanto tiempo?

La felicidad de Candela choca o contrasta con la desesperanza silenciosa de otros personajes, como María Fernández que pelea contra su reponerse, física y anímicamente. Petra, lejos de hacerle al muerta un pequeño favor, la increpa a rostro, escupiendo más leña al fuego de su dolorido ser. Mientras tanto, Leocadia sacando partido de la debilidad de Petra llega a desafiar su poder y se erige ante la que siente prendedora del sufrimiento compartido. El palacio se convierte en un escenario bizarro donde nadie está a salvo.

La incertidumbre se cierne en el aire y la madre de Antoñito se pregunta si Candela se moverá rápidamente o si decidirá guardar la cosa en secreto para proteger así a Antoñito de eventuales peligros. Lope -que sabe de los peligros que rodean el palacio- podría aconsejarle que sea prudente, pero la urgencia por ayudar a Simona podría ser más poderosa.

En un lugar donde las paredes oyen, cada palabra en voz alta es un peligro. Al mismo tiempo, entre los criados, se vuelven a revivir murmullos sobre niños desaparecidos y pasados, recordando que los secretos que encierran el palacio son más secretos de los que nadie puede imaginar. Simona, que no sabe aún que ha descubierto la verdad, permanece entregada a su dolor, pero la chispa que puede dar un giro a su destino podría brillar con fuerza.

Si Antoñito está vivo, ¿bajo qué circunstancias fue llevado a refugiarse? ¿Y si los Luján pueden jugar un papel en este descubrimiento? La verdad, como siempre en La Promesa, tiene la pinta de ser un arma de doble filo.

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