Cádiz, la ‘tacita de plata’, vive un momento crítico. Más de 34.000 gaditanos observan cómo, a diario, alrededor de 13.000 turistas desembarcan de cruceros, invadiendo el casco antiguo de su ciudad. Este panorama despierta una reflexión profunda entre los habitantes: ¿realmente vale la pena sacrificar su esencia y su modo de vida a cambio de los beneficios económicos que el turismo trae consigo?
Los residentes han encontrado en el programa de La Sexta, ‘Apatrullando’, una plataforma para expresar su desasosiego. «¡Grabad! ¡Grabad! Que veáis todo lo que están expropiando con los apartamentos turísticos y cómo están vaciando El Pópulo, el barrio más antiguo de Occidente. Ya no somos barrio, somos un parque temático», gritaba un comerciante mientras el equipo de Sara Solomando lo seguía durante su investigación.
La realidad que despliegan estos vecinos es desgarradora. Acusan a los gigantes inmobiliarios de desplazar a los lugareños de sus propias calles, sustituyendo a la comunidad por turistas que recorren las avenidas sin reparar en los pequeños, pero significativos detalles de la vida gaditana. «La vecindad ya no te pide el cafelito, ya no hueles en las calles a puchero», se lamenta uno de los habitantes, quien agrega que se ha perdido la comunicación y la empatía entre los vecinos. Las macetas que antes colgaban de los balcones, ese toque típico del barrio, han desaparecido, dejando un vacío que solo se puede sentir en el pulso de la ciudad.
A medida que el equipo televisivo recorría las calles, un vecino les mostró un cartel que decía «nos venden». Este llamativo mensaje estaba pegado en la puerta de una finca emblemática, donde diez familias, incluida una anciana de 87 años, habían recibido cartas de desahucio. La situación no solo se limita a la pérdida de viviendas, sino que se extiende a la desaparición de comercios locales, como panaderías y pescaderías, que han sido el corazón de Cádiz durante años.
La presión económica está afectando a muchos, quienes se ven obligados a buscar nuevas formas de vida. Un comerciante manifestó que no solo le quitan la casa, sino que le están arrebatiendo su vida. La angustia que sienten les lleva, incluso, a tratamientos psicológicos.
El dilema que enfrenta Cádiz es emblemático de muchas ciudades con un alto flujo turístico: la lucha entre la economía y la conservación de la identidad. Las voces de los gaditanos se alzan, buscando ser escuchadas en medio del trasiego constante de turistas, temerosos de perder no solo sus hogares, sino el alma de la ciudad que han amado y habitado por generaciones. La esencia de Cádiz, tan rica y vibrante, se encuentra en la encrucijada de un futuro incierto, entre el deseo de prosperar y la necesidad de preservar su espíritu.

















