Alba Flores, reconocida por su papel en «La Casa de Papel», ha dado un paso al frente en su reciente aparición en «Lo de Évole», donde ha abordado un tema de vital importancia: el racismo y la representación de la comunidad gitana en los medios de comunicación. Desde el principio de la entrevista, se ha mostrado clara y decidida, incluso tomando la palabra para señalar al presentador, Jordi Évole, en momentos en que su lenguaje caía en estereotipos estigmatizantes.
Évole, conocido por su estilo directo y comprometido, intentaba explorar si Flores y su familia habían enfrentado discriminación por su origen. La actriz no tardó en compartir su experiencia personal, recordando cómo en su vecindario la miraban con desdén por su apariencia. Su relato es un recordatorio inquietante de cómo los prejuicios pueden arruinar la convivencia y enraizarse en la sociedad.
“No es fácil construir una narrativa en la que la gente se sienta representada”, reflexionó el presentador, utilizando ejemplos que evidencian la falta de sensibilidad en la cobertura periodística de ciertas comunidades. Sin embargo, la respuesta de Alba fue contundente y enfática. “La manera en que nombráis las cosas tiene un poder que no se puede subestimar”, dijo, instando a los periodistas a ser más responsables con su lenguaje. Para ella, las palabras tienen el potencial de moldear pensamientos e incluso realidades.
La conversación giró rápidamente hacia la noción de «clan», una palabra que algunos medios han utilizado para referirse a familias de origen gitano. Alba argumentó que asociar su familia con connotaciones criminales o marginales no solo es erróneo, sino que alimenta una percepción colectiva dañina. “Es como si nos llamásemos Los Soprano, y eso no se le debería llamar así a una familia”, enfatizó.
La valentía y la sinceridad de Alba Flores en su discurso revelan no solo su deseo de promover una comprensión más profunda de las comunidades marginadas, sino también su compromiso personal con la lucha contra la estigmatización. En un mundo donde el lenguaje puede ser un arma de doble filo, su llamado a la reflexión se convierte en un faro que invita a los medios y a la sociedad en general a repensar sus narrativas y a construir una comunicación más inclusiva y respetuosa.

















