Los agentes del Departamento de Seguridad Nacional (DHS) involucrados en la muerte a tiros de Alex Pretti en Minneapolis han sido suspendidos temporalmente, según un funcionario del departamento. Este cambio de postura marca un contraste evidente con la reacción inicial de la administración Trump, que se apresuró a defender la actuación de los agentes y a deslegitimar a la víctima. Desde el primer momento, Pretti fue etiquetado como una amenaza por altos funcionarios, quienes lo describieron como un terrorista o un aspirante a asesino a pesar de que las grabaciones revelan su intento de ayudar a una manifestante durante el enfrentamiento con las autoridades.
Las contradicciones comenzaron a acumularse. A medida que se revelaba el perfil de Pretti, un enfermero sin antecedentes penales y con un arma legal, el jefe de la Patrulla Fronteriza tuvo que revertir su posición, declarando que los agentes probablemente no siguieron los protocolos establecidos durante el tiroteo. Esto llevó a la Casa Blanca a anunciar que el presidente Trump supervisaría una «gran investigación» sobre el incidente, enfatizando su deseo de apoyar a la familia de la víctima.
La situación en Minneapolis se complica aún más con un ataque reciente contra la congresista demócrata Ilhan Omar. Durante un acto donde se criticaban las operaciones del ICE, un hombre arrojó una sustancia sobre ella. Aunque el incidente no causó daños, Omar demostró su determinación al afirmar que no se dejaría intimidar. La serie de acontecimientos ha generado un fuerte impulso entre los demócratas para iniciar un proceso de destitución contra la secretaria de Seguridad Nacional, sumando presión en un contexto político ya tenso.
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