La cumbre de ministros del G7 celebrada en París dejó un titular que pocos anticipaban: existe consenso en que el estrecho de Ormuz debe reabrirse. Las siete economías más industrializadas comparten la urgencia de frenar una crisis energética que ha disparado los precios del crudo y estrangula a países que dependen de esta vía marítima. Así lo transmitió DW Español desde la capital francesa, subrayando que, pese a las discrepancias, la declaración final fue clara.
Un mandato claro sobre el papel, pero sin calendario
El ministro de Economía de Francia, país que ostenta la presidencia rotatoria del G7, fue contundente al pedir la reapertura del paso y una solución duradera al conflicto. Sin embargo, la corresponsal Ana María Osina apuntó que no se anunciaron plazos ni los instrumentos prácticos para lograr que Irán levante los controles. El comunicado recogido por el canal alemán se limitó a insistir en que el estrecho debe ser “de libre tránsito” y a solicitar que el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional actúen como observadores de la situación de países como Irak, asfixiado por la pérdida de ingresos petroleros.
La exención de sanciones a Rusia que divide al bloque
La unidad exhibida en torno a Ormuz contrastó con las grietas que dejó al descubierto otro asunto energético. DW Español detalló que la decisión unilateral de Estados Unidos de prolongar la suspensión de sanciones al crudo ruso motivó una abierta discrepancia. El Tesoro estadounidense justificó la medida por los elevados precios del petróleo, pero el comisario europeo de Economía advirtió que la Unión Europea no cree que sea el momento de aliviar la presión económica sobre Moscú. La sesión dejó claro que, pese a la aparente cohesión, las estrategias para gestionar la crisis energética no están alineadas.
«Pedimos que se reabra el estrecho de Ormuz y una solución duradera al conflicto»
— Ministro de Economía de Francia, en declaraciones recogidas por DW Español
El coste de un estrecho cerrado: menos crecimiento y más inflación
Mientras los ministros negociaban en París, la ONU actualizó las cifras del impacto. Según el informe de perspectivas económicas citado por DW Español, el crecimiento global se desacelerará del 2,9 % al 2,5 % este año. El documento agrega que la guerra en Irán ha interrumpido la tendencia desinflacionaria iniciada en 2023 y que el repunte de precios castigará sobre todo a las economías en desarrollo. En América Latina, el efecto será mixto: los productores de energía se beneficiarán, pero los importadores sufrirán una presión fiscal adicional.
Putin viaja a Pekín con la energía como moneda de cambio
El cierre de Ormuz añade urgencia a la visita que Vladímir Putin realizó a China ese mismo día, según el análisis del canal. China ya es el mayor comprador de combustibles fósiles rusos, y Moscú quiere profundizar unos lazos comerciales que en 2025 registraron su primer retroceso en años (−6,9 %). El gigante asiático tiene la sartén por el mango: puede abastecerse en otros mercados, mientras Rusia depende cada vez más de Pekín para sostener su economía. De fondo, el proyecto del gasoducto ‘Poder de Siberia 2’ sigue sin el compromiso definitivo de Beijing.
El biodiésel, un ganador inesperado de la crisis
DW Español también conectó la tensión en Oriente Medio con un fenómeno emergente: el biodiésel vive un momento dulce. El encarecimiento del crudo ha reducido la brecha de precio con los combustibles alternativos, y el aceite de cocina usado se ha transformado en un recurso estratégico. En países asiáticos como Malasia e Indonesia, los subsidios públicos apuntalan la producción, aunque el reportaje advirtió que ese apoyo estatal podría recortarse si los gobiernos deben apretarse el cinturón. Para el sector, la seguridad energética se ha convertido en un motor de demanda tan poderoso como las políticas climáticas.
En mi opinión, el consenso del G7 es un primer paso indispensable, pero pasará a la historia como una declaración de intenciones si no se traduce en una hoja de ruta real. Forzar la reapertura del estrecho exige negociar con Teherán y, al mismo tiempo, preparar a las economías más vulnerables para un escenario de precios altos prolongado. Mientras la diplomacia avanza a distintas velocidades —con Estados Unidos y la UE discrepando sobre Rusia y China jugando sus propias cartas—, los mercados siguen reclamando certidumbre. La próxima cita de líderes del G7 en los Alpes franceses, el 15 de junio, será la prueba de fuego para saber si esta promesa se convierte en acción o se diluye en un nuevo comunicado.
El análisis completo de DW Español puede consultarse en el vídeo original.

















