En la remota provincia de Kachin, en el norte de Myanmar, que es fronteriza con la India y China, alguien encontró un pequeño fragmento de ámbar o resina fósil de 100 millones de años de antigüedad, del periodo Cretácico, sin sospechar el tesoro que contenía. Ese trozo ingresó en las colecciones del Museo Americano de Historia Natural, y allí observaron una especie de avispa con aguijón cubierta de granos de polen. Las avispas con aguijón son un grupo de himenópteros muy amplio que incluye, por ejemplo, a las hormigas y a las abejas. En su estudio, publicado en la revista Communications Biology, del grupo Nature, han participado tres investigadores norteamericanos junto a dos españoles del Museo Geominero del Instituto Geológico y Minero de España, Enrique Peñalver especialista en insectos fósiles y el paleobotánico Eduardo Barrón.

Descubren por primera vez un insecto polinizador cubierto de polen de angiospermas de la Era de los dinosaurios 1

David Grimaldi, conservador de la colección de ámbar del Museo Americano de Historia Natural e investigador principal de este estudio, descubrió algo único al revisar el ámbar de Myanmar: “Pese a que había observado previamente muchas avispas en este ámbar, por primera vez me hallaba ante una de ellas con cientos de granos de polen en su boca y desprendidos alrededor, y estaban tan bien conservados que era muy probable que se pudieran estudiar en detalle”. Al ser evidente que se había alimentado de polen con sus mandíbulas, Hollister Herhold, también del Museo Americano, obtuvo una digitalización 3D de alta resolución de la avispa fósil para estudiar su interior. Se comprobó que conserva perfectamente momificados los potentes músculos que movían las alas y una masa extraña dentro de la cavidad bucal que se ha interpretado como una bola de polen que quedó a medio tragar.

Los fósiles de este tipo son extremadamente escasos, aunque desde hace casi una década se están estudiando intensamente. Previamente, en el ámbar de España se habían descrito los primeros insectos Cretácicos cubiertos de polen de gimnospermas. El ámbar de Myanmar, unos 5 millones de años más joven, presenta incluidos animales y restos de plantas algo más modernos que el español. Además, se encuentra en gran cantidad por lo que se están excavando grandes depósitos que proporcionan miles de fósiles cada año. En el ámbar de Myanmar, además, se están encontrando completas muchas pequeñas flores de angiospermas, algo que no ocurre en ámbares más antiguos.

El ejemplar voló hasta España y fue el experto en polen fósil Eduardo Barrón quien confirmó que los granos de polen eran de angiospermas, o plantas con flores, y no de gimnospermas. Barrón cayó en la cuenta de que “se trataba de la primera vez que se descubría un insecto polinizador cubierto de granos de angiospermas de la Era de los dinosaurios, y justo cuando estas plantas empezaban a ser muy importantes en los ecosistemas terrestres.” Cada uno de los 656 granos de polen contados es una prueba de esta relación simbiótica tan importante. “No podemos saber cómo era la flor de la angiosperma que visitaba, pero además del polen que le servía de alimento es muy probable que alguna otra característica atrajese a la avispa, quizá un perfume especial”, explica Barrón.

A la nueva avispa descrita se la ha denominado Prosphex anthophilos o “primera avispa amante de las flores” y es un hito en los estudios sobre la historia de la polinización. En efecto, el Dr. Michael Engel, de la Universidad de Kansas, indica: “El presente descubrimiento demuestra que antes de que las angiospermas dominaran los ecosistemas terrestres algunos insectos de tamaño relativamente pequeño y no muy especializados aprovechaban el polen de angiospermas que es rico en proteínas, y como efecto colateral las polinizaban.”

La resina se produjo en un bosque de coníferas, cerca del antiguo ecuador terrestre, habitado por algunos organismos que hoy día son típicos de las selvas tropicales. Las plantas con flores se encontrarían en el sotobosque en pequeñas áreas en las que incidiese la luz y en zonas litorales de corrientes de agua y lagunas. Por su parte, Enrique Peñalver indica que “Los insectos debieron ser cruciales para su polinización y por tanto, para su reproducción. La avispa que ha sido ahora descrita participó en uno de los cambios más cruciales de los ecosistemas terrestres, es decir, el reemplazo en gran medida de las gimnospermas y el enorme éxito de las angiospermas hasta nuestros días. Por ello, cuando devolví el ejemplar al Museo Americano por correo postal urgente conté los minutos hasta que me llegó un mensaje en el que se me informaba de que había llegado sano y salvo a Nueva York”.